domingo, 25 de julio de 2010

Cantautor

Solo, vagando en mis pensamientos, con los ojos desenfocados y los dedos humeantes. Todo se remite al sonido en un cuarto vacío en el que todo soy yo. Ni pensamientos, ni profecías, sólo el sonido interior que me descoloca del afuera, de lo mudo, lo inerte, del infinito presente, el único presente en el que el polvo se acumula: muebles, ropas, libros, guitarras, paredes y mi propia carne. Yo, en cambio, hablo conmigo mismo y en la soledad el diálogo interno no suena a palabras, me convierto en sonido, en ondas que rondan la habitación, en recuerdos, imágenes, colores. Luego nacen las palabras acomodándose a una melodía con un colchón de silencio. Las palabras son del afuera, del espacio compartido por millones de galaxias como yo que conviven en un solo mundo y en ese punto es que te encuentras una canción, fruto del instante, síntesis de todos los tiempos, y la música y las palabras que ahora surgen nunca fueron mías, todo ese ser abstracto que antes me habitada ha muerto y se transforma en un legado, en una marca indeleble en el tiempo para un futuro que no existe. Lo que queda en el afuera es la más hermosa de las mentiras, la inevitable fantasía, aquella que los vivos llaman vida.

El colgado.

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