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domingo, 25 de julio de 2010

Cantautor

Solo, vagando en mis pensamientos, con los ojos desenfocados y los dedos humeantes. Todo se remite al sonido en un cuarto vacío en el que todo soy yo. Ni pensamientos, ni profecías, sólo el sonido interior que me descoloca del afuera, de lo mudo, lo inerte, del infinito presente, el único presente en el que el polvo se acumula: muebles, ropas, libros, guitarras, paredes y mi propia carne. Yo, en cambio, hablo conmigo mismo y en la soledad el diálogo interno no suena a palabras, me convierto en sonido, en ondas que rondan la habitación, en recuerdos, imágenes, colores. Luego nacen las palabras acomodándose a una melodía con un colchón de silencio. Las palabras son del afuera, del espacio compartido por millones de galaxias como yo que conviven en un solo mundo y en ese punto es que te encuentras una canción, fruto del instante, síntesis de todos los tiempos, y la música y las palabras que ahora surgen nunca fueron mías, todo ese ser abstracto que antes me habitada ha muerto y se transforma en un legado, en una marca indeleble en el tiempo para un futuro que no existe. Lo que queda en el afuera es la más hermosa de las mentiras, la inevitable fantasía, aquella que los vivos llaman vida.

El colgado.

martes, 21 de abril de 2009

Algunos tantos (nos) otros


Muchos dirán que se repite la misma perorata, la misma hipócrita aventura de creerse revolucionario, la enceguecida (de tanto sueño) idea de belleza. A veces los comprendo. Muchos quizá, por el contrario, asientan en las tribunas a las mágicas palabras de lo estereotipadamente bello: seguirán a los ídolos creados en definiciones predeterminadas de la fama y el ícono infundado. Muchos otros dirán, al fin, cual es el camino correcto y otros muchos caerán en la tentación de describir el sabor de la verdad sin probar su fruto, sin conocer siquiera las coordenadas del árbol. Pocos (entre esos muchos muchos) se entregarán al deber colectivo de refaccionar la realidad, de hacerla habitable para el hombre, su creador.Cuando llegue el día que vislumbran estos pocos caerán las baldosas del frio escenario distante que se nos ha impuesto, y el arte será para siempre de la altura del suelo que pisan los pies del que puede ver más allá del cielo. Muchísimos otros más no existirán. Para todo ello, sólo una vida e incontables generaciones.


Texto: El colgado